domingo, 6 de abril de 2008

. . .. . . . .. .113


El 22 de Enero Heraldo rompió el sobre que había encontrado en su almohada y leyó las palabras que se encontraban en el medio de una hoja que, sin ellas, hubiera sido completamente blanca:
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. . .3 horas 22 minutos 45 segundos


Esa noche Heraldo despertó sobresaltado, acosado por un terror inexplicable que había nacido en lo mas profundo de su alma y que lo había arrancando de las profundidades del sueño. No creo que deba decirles, en este punto del relato, a qué hora despertó.
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El 23 de Enero Heraldo entró a su habitación para encontrar un nuevo sobre ubicado exactamente en el medio de su almohada. Tomó el sobre y, sin abrirlo lo comparó al anterior. Eran idénticos. Finalmente, luego de horas de reflexión, tomó coraje y abrió el sobre. Sobre la superficie de la hoja en su interior podía leerse:
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. . .4 horas 14 minutos 6 segundos


A las cuatro y cuarto de la madrugada del día siguiente los vecinos de Heraldo fueron despertados súbitamente por un grito de frustración proveniente de la casa lindante.
¿Cómo podía alguien entrar a su casa, a su habitación y colocar ese sobre vaticinante sobre su almohada sin que él lo advirtiera? ¿Qué clase de poder poseía ese trozo de papel? ¿Por qué razón alguien lo atormentaría de ese modo? Meditó sobre éstas cuestiones hasta que el brillo del alba lo obligó a abandonar la cama.
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Pasaron primero días, luego semanas, eventualmente meses; Los sobres seguían llegando y Heraldo continuó cumpliendo su caprichoso itinerario. A veces despertaba a mitad de la noche, en otras ocasiones no lo hacía hasta bien entrada la tarde.
Los sobres místicos se convirtieron, con el tiempo, en una rutina mas de su aburrida vida.
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El 29 de Septiembre Heraldo entró a su habitación para encontrar, como era costumbre, un sobre esperándolo sobre su almohada. Comenzó a abrirlo con tranquilidad mientras miraba por la ventana intentando adivinar el pronóstico del clima.
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Heraldo abrió el sobre. Una hoja en blanco.
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Volteó el papel varias veces antes de convencerse que no tenía marca alguna. ¿Qué significaba esto? Miró la hoja durante minutos sin fin. Se horrorizó ante la posibilidad de perder la certeza, el conocimiento inequívoco, el mensaje divino el cual no había sabido apreciar durante todo ese tiempo.
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Finalmente, durante horas de duda y postergación, Heraldo se acostó en su cama. Reposó su cabeza en esa almohada y cerró sus ojos.
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En el diario del 30 de Septiembre se leía el nombre de Heraldo Salinas. Se le agradecía por las alegrías brindadas a amigos y familiares y se indicaba el lugar en el cual se habría de llevar a cabo su velorio el primero de Octubre a las 14:00 horas.
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6 comentarios:

Hogenheim dijo...

Si alguien no entendió el título levante el teléfono y marque 113.

miga dijo...

la hora final...
faah 9 meses recibiendo sobres xD

este cuento me recuerda que ultimamente vivo pendiente de la hora y los minutos mucho más de lo que solía estarlo años anteriores.

momo dijo...

es como death note que los shinigamis puedn ver el día exacto y hora exacta de tu muerte

...
deberías ver esa película que está muy buena
recomendale a nahuel el manga (o anmié si salio)

un arbazo tomy.
se.-- el blog está recontra desconfigurado

Guhn dijo...

See Please Here

Anya dijo...

estabas poniendo tu reloj en hora y te inspiraste? :P
muy muy bueno, me gustó

a mí me hizo acordar a stranger than fiction, en parte porque el protagonista sabía que se iba a morir pronto y en parte porque estaba obsesionadísimo con los números.

T as in Tom
si iu leiter

Hogenheim dijo...

si le recomiendo otro manga mas a Nahul se enferma (esta enganchado con One Piece ahora, dice que es el mejor que vio en su vida)

El chabon esta aprendiendo Japonés de tanto Manga jajaj es muy bueno