domingo, 4 de enero de 2009

Historia de un reflejo

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Ella se sentaba a esperar. A esperarla. Las horas que pasaban eran grises, borrones de tiempo indefinido. Nunca sabía cuanto tiempo había esperado, cuanto tiempo había pasado desde la última vez, pero ella esperaba.
La esperaba.
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El tiempo sin ella se sentía vacío, como si estuviera debajo del agua con los ojos cerrados, sin poder ver ni oír, acompañada solo por la obscuridad. Entonces ella llegaba y el mundo reaparecía ante sus ojos, una inundación de vida, color y movimiento. Pero nunca duraba; segundos, quizás unos poco minutos y el mundo volvía a desaparecer, la asfixiante obscuridad llenando cada centímetro de su existencia.
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Disfrutaba, cada vez que tenía la oportunidad, de mirarla directo a los ojos, imaginando que, quizás, ella también podía verla. Pero la mirada de la ota estaba siempre vacía. Disfrutaba también de imitar todos y cada uno de sus movimientos, con la esperanza de que, si lograba hacerlo a la perfección, quizás, un día sería ella la que estaría rodeada de luz y color y sería la otra la que la esperaría.
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Sentada en la obscuridad.
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1 comentario:

miga dijo...

wow, muy buena historia.

y lo más loco es preguntarse de la vida de aquellas cosas/personas inanimadas, que en la imaginación no lo son, sino que tienen vida... y mejor aún, relatar su historia. muy bueno.