martes, 31 de marzo de 2009

From Russia With Love


El hombre caminaba despacio por la calle desierta. Los adoquines resonaban con un sonido característico debajo de la suela de sus zapatos, sus brazos firmemente pegados a su cuerpo, las manos en las profundidades de su sobretodo. Llevaba un cuello de tortuga para protegerse del viento y un sombrero el cual había llegado a detestar con los años pero, debido a la estricta política de la compañía, ya se había convertido en parte de su anatomía.


Mientras avanzaba bajo la luz de los faroles pensaba en como la cantidad de viajes de trabajo a esta región del país ya debería haber acostumbrado su cuerpo al frío. Pero el viento de Minsk tenía algo que siempre lograba helarle los huesos. "Un trabajo más" -pensó- "Uno más y adiós al frío, adiós a la nieve y, por sobre todo, adiós a este maldito sombrero".

La calle estaba mojada, lo que hacía que emitiera cierto resplandor debajo del brillo eléctrico de los faroles. Una ráfaga de viento sopló repentinamente recogiendo cientos de las partículas de agua de los adoquínes las cuales humedecieron la cara del hombre. "Minsk" -pensó mientras pasaba su lengua sobre los labios. Podía reconocer ese sabor a metal mezclado con
vodka en cualquier parte.

No faltaba mucho para llegar a la puerta de su hotel cuando reconoció, en el eco de la calle, el ruido de otro grupo de pisadas que no eran las suyas. Había sido entrenado específicamente para detectar lo que ese momento le había llamado la atención. Las pisadas coincidían exactamente con las suyas. Aceleró el paso casi imperciptiblemente y, de inmediato, las pisadas reajustaron el suyo. Eso solo podía significar una cosa; estaba en problemas.


Dobló en un pequeño callejón que conectaba con la salida trasera de un restaurante con solo un pensamiento en su mente, si lo habían descubierto el hotel ya no sería un lugar seguro.
Cuando llegó a la mitad del callejón hechó una rápida mirada hacia atrás y pudo ver a un hombre con un sobretodo extrañamente similar al suyo aproximándose rápidamente. Lo que sucedió a continuación pareció transcurrir en camara lenta. Un segundo hombre, una pistola, unas pocas palabras en ruso que ya conocía demasiado bien.

Su contacto al otro lado de la ciudad lo encontró en ese mismo callejón unos días después. Su rostro había quedado irreconocible y, como era política de la compañía, no traía ningún tipo de identificación en su persona. Los agentes encargados de recuperar el cuerpo comentaron, luego de notificar a su familia, sobre la suerte que habían tenido en todo el proceso. Si el sombrero no hubiera estado tan bien aferrado a su cabeza hubieran tardado semanas en identificar el cadaver.


jueves, 19 de marzo de 2009

Charlatán in a Tin Can


Me encontraba yo muy tranquilo, dispuesto a entregarme a mi siesta diaria a la vuelta de la facultad arriba del 124 cuando a mi lado se sentó el que llamaremos de ahora en adelante
Don Juan Carlos.

La conversación comenzó abruptamente y sin previo aviso:

Don JC:
¡Qué cañazo tener que viajar acá atrás! Yo porque voy hasta el final del recorrido casi.

Yo, procediendo con cautela e intentando no fomentar la conversación, respondí:

Yo:
Ahh, mmm si

Don JC:
Porque me bajo por "&%$", ¿Eso es para este lado no?

Yo:
Uh, la verdad ni idea, yo se donde me tengo que bajar, pero mas que eso no.

Don JC:
Ahhh, bueno.

Dando por terminado el intercambio me cruzé de brazos, bajé la cabeza y empecé a dormir, escuchando de fondo que el Buen Don Juan Carlos ya le estaba hablando a la chica sentada a su derecha.
De repente fui arrancado de mis dulces sueños por un:

Don JC:
¡JEFE! ¿Está durmiendo?

Yo:
No...bueno, si. ¿Necesitaba algo?

Don JC:
¿Vió el partido de Boca el domingo?

Yo:
.........no

Don JC:
Porque parece que hubo disturbios con la barra brava de Boca y los otros.

Yo:
Ah...no, la verdad no sabía.

Don JC:
Parece que le pegaron a uno con una bala de goma desde un patrullero.

Yo:
Ah...no, no había escuchado.

Don JC:
Y parece que la barra brava de Boca le pagó $7.000 a la policía por el operativo.

Yo:
Ah, no, la verdad no tenía Nada de información sobre eso.

Con una mirada fúnebre hacia Don Juan Carlos me dispuse a intentar nuevamente conciliar el sueño y escucho que le sigue hablando a la pobre chica sentada a su derecha:

Don JC
: ¿El 124 va por Ésta no?

Pobre Chica:
Si, si.

Don JC:
Y, y después agarra Gaona.

Pobre Chica:
Claro...

Don JC:
Después dobla en Juan Agustín Garciiiía...

Pobre Chica:
Si...

Don JC:
Y sigue por Juan Agustín Garciiiía...

Pobre Chica:
(Ya medio harta) Si, sigue por esa.

Don JC:
Yo soy viejo vió, tengo 78 años y ustedes los jóvenes me miran con una sonrisa pero yo sé que son todas mentiras.

Pobre Chica
: ......

Don JC:
No, si, a mi mujer no la dejo porque tiene 80 vió, es mas vieja que yo.

Pobre Chica:
Ah.....

Ahí fue cuando, muy despacito para que el Don no me viera, abrí los ojos y me di cuenta que estaba a una parada.


Conclusión: El Fucking Don Juan Carlos me robó la hora de sueño más importante de mi día.

Pero bueno, la anécdota supongo que lo vale.

Pd: Que nadie me venga con que es viejo y no es su culpa estar seníl porque mi abuelo tiene 82 y te arma y desarma un motor de barco con los ojos cerrados, so
nada for you.

jueves, 12 de marzo de 2009

Yet Again


MusicPlaylistRingtones
Music Playlist at MixPod.com


Me encuentro, yet again, sentado frente al teclado, sin saber que escribir, sin saber que decir. Escuchando musica triste que la verdad no está ayudando para nada. Es más, todo lo contrario, me hace sentir triste, y el hecho de no poder desagotar esa tristeza en palabras lo empeora todo. Y el hecho de no querer escribir un texto triste complica las cosas.

¿Por qué siempre que escucho musica triste y empiezo a escribir escribo sobre un hombre escribiéndole a una mujer? Y el sentimiento siempre es el mismo, esa sonrisa que siempre antecede a las lágrimas, esas lágrimas que caen de los ojos para adentro.

Y por eso me gustan las cosas que me gustan quizás, siempre buscando esa belleza trágica, cosas que te llenen hasta sentir que vas a explotar.

Una carta que se escribe y se guarda en un cajón para releerla un millón de veces, una mirada a escondidas, un montón de fotos borradas, una pila de recuerdos.

Al final uno elige un sentimiento, o quizas es al revez, pero eso no se queda ahí, depués ese sentimiento aparece en todas partes, gente, fotos, música, bailes, colores y uno toma todas esas cosas y las hace parte de su vida, se rodea de ellas y no las suelta ¿Para qué? Quizás solo por que es lo que uno conoce, lo familiar siempre es más atractivo, siempre es lo mas seguro.

Y ¿A dónde voy con esto? No sé, solamente me senté a escribir, por el hecho de escribir, por el hecho de escuchar estas palabras haciendo eco adentro de mi cabeza.

Quizás la próxima vez que me siente a escribir no escriba sobre algo triste, quizás no escriba sobre un hombre y una mujer. Quizás la próxima vez que me siente a escribir...no sé, quizás logre captar algo diferente al eco, algo más... algo menos mío.